Cristhian Fuentes

Guía de consumo digital

Varias personas me escribieron luego de publicar Doomscrolling: caos adictivo. La mayoría de conversaciones nos llevaba a la reflexión de que es fácil convertirse en víctima del doomscrolling porque carecemos de rutina o buenas prácticas de consumo de contenido digital. Como respuesta, decidí escribir estos párrafos con el objetivo de compartir la rutina que me ha funcionado.

Empecé a tomar acciones con respecto a mi consumo de contenido por ahí del 2016. Una época en la que, mientras usaba el teléfono, tenía la sensación de ser atrapado por una especie de arena movediza que drenaba mi energía y malgastaba mi tiempo. Entonces entendí que el orden es un concepto que aplica a todas las áreas de la vida. Y sí, el espacio digital es parte de nuestra vida, por lo que merece atención.

Somos lo que comemos

Con normalidad usamos el verbo consumir para referirnos a nuestra relación con el contenido digital. Ya que los hábitos alimenticios determinan la calidad de vida, la metáfora de la nutrición me resulta útil para ordenar una rutina digital.

En mi horario tengo espacios fijos para leer artículos, redes sociales, videos o cualquier otro medio digital. Todas las mañanas “salgo a pescar” en búsqueda de los mejores alimentos. No todos son iguales: algunos pueden ser consumidos al instante, otros requieren más preparación y tiempo para ser digeridos.

Lo primero es tener presente que cuando entro a redes sociales, nunca sabré con qué me voy a topar. Por eso rara vez mis días empiezan ahí. Lo primero que leo son boletines de correo a los que estoy suscrito. Posteriormente revistas, blogs, periódicos y sitios web.

En el caso de los boletines, hago un repaso rápido y si hay artículos que requieran más de un minuto de lectura, guardo los links en la Lista de Lecturas del navegador. Recomiendo evitar al máximo acumular pestañas abiertas: eso las hará difícil de encontrar y probablemente afectará el rendimiento del dispositivo.

Uso Feedly para organizar revistas, blogs, periódicos y sitios web. Su versión gratuita ofrece las funcionalidades necesarias: categorizar tipos de medios, guardar para después y archivar artículos por categorías.

Con estos dos primeros pasos me garantizo saber qué tipo de temas voy a consumir. Así evito lanzarme de cabeza en una arena movediza donde podría encontrar cualquier temática a la libre.

Redes sociales = a quienes seguimos

Al margen de la discusión de si realmente decidimos qué contenido ver o si un algoritmo toma esa decisión por nosotros, hay algunas acciones que me han ayudado a organizar el tiempo en redes sociales.

Twitter es un lugar caótico por definición. Mi relación con esta red social se basa en el uso de listas: permiten agrupar cuentas y leer sus tweets sin necesariamente seguirlas. La utilizo para crear categorías temáticas. Cuando consulto una lista, sé exactamente qué tipo de temas esperar.

LinkedIn lo visito en búsqueda de artículos e información corporativa. Me es útil para darme una idea de la visión de mis colegas y varias industrias en general.

Instagram sigo a personas cercanas y marcas o revistas que hacen un esfuerzo audiovisual genuino. Entro un par de veces al día.

YouTube sigo varios canales de reviews y documentales. A diario ingreso para hacer búsquedas de video a manera de consulta rápida.

TikTok es un mundo aparte y en constante desarrollo. Los misterios de su algoritmo lo hacen uno de los medios más adictivos. Me he topado con videos muy valiosos, educativos y otros con los que simplemente me muero de risa. Entenderlo como medio es una tarea constante.

Podcasts y audiolibros son muy útiles cuando manejo o hago ejercicio. Hay que balancear la concentración para sacarles el provecho.

Dieta balanceada

Busco mantener balance y diversidad. Para mí no es sano leer únicamente fuentes que compartan una cierta visión del mundo. Prefiero ver un panorama general con variedad de opiniones, formar criterio y ser respetuoso.

Mi labor como publicista exige estar al día con tendencias, entender qué las provoca y una constante curiosidad por el comportamiento de las personas. Así que intento trazar la línea entre qué es un contenido que consumo desde una óptica personal y cuál desde la profesional, si es que se pueden separar.

No todo contenido alimenta por igual

Los párrafos anteriores detallan mi rutina de pesca, pero los momentos más importantes son los que dedico a procesar con calma el contenido.

Diariamente tengo dos espacios de aproximadamente 20 minutos para sentarme a leer los artículos largos que guardé. Este tiempo puede variar según la carga de trabajo, pero trato de respetarlo para que no se acumulen los contenidos y pierdan vigencia.

Lo más valioso de este proceso es digerir. Si lo amerita, tomo anotaciones. Y si el contenido es realmente bueno, lo filtro para compartirlo.

Tampoco está mal perderse por un rato en las arenas movedizas. Algún placer se podría sacar de esa experiencia; en ocasiones solo queremos distracción o entretenimiento aleatorio. Cuando el contenido viene podrido, seguramente me enfermaré. Y si continúo ingiriéndolo, viviré intoxicado.

Cada persona encontrará el método que mejor le funcione según su realidad inmediata. Ser conscientes de lo que se consume y tener intención para curarlo podrían ser los primeros pasos.

Algunas herramientas